Corriendo
Acallados por la lluvia, sus pasos salpicaban más y más la parte inferior de su pantalón de mezclilla.
La interminable calle apenas era iluminada por una infinidad de faroles. Los locales, inidentificables por la tormenta, se amalgamaban el uno con otro, mas aun así logrando una lógica efímera. Seguía con paso firme y un poco tenso por el pasillo interminable.
La figura sentía el golpeteo de la lluvia a sus hombros, con gotas tan certeras como cuchillas caídas del cielo.
El camino no siempre había sido así, ó al menos es lo que la figura podría divagar en su ser. Un tiempo fue un bosque, un tiempo fue un pueblo, un tiempo fue un desierto, y un tiempo fue un rio. Siempre hubo cambio y el camino. Pero entre la neblina de su memoria, algo pasó.
Un cambio paulatino, pero violento y abrupto a la vez. El sol no había salido desde donde podía recordar.
En algún momento estaba presente, dando claridad a todo, pero pudo haber sido un sueño, si es que alguna vez tuvo uno.
Entre los callejones perpendiculares al camino, la oscuridad siempre era presente, sombras siempre escondiéndose de las farolas, y dando a infinidades vacías. La figura nunca observaba más allá de su camino, siempre ignorando los susurros provenientes de los caminos que no le pertenecían.
A veces entre la lluvia podía ver otras presencias trotar entre la lluvia, pasando de callejón a callejón, siempre a la distancia y sin llegar a ser iluminadas por los faroles. La figura nunca se preguntaba porqué, solo seguía su marcha.
Caminaba a paso seguro, mientras veía a otra forma perdiéndose en la tormenta de su vista y un farol empezó a titilar ligeramente. La forma lejana se detuvo y contemplo el foco fallido, iluminando su rostro. Un rostro brevemente iluminado.
La figura siguió a paso seguro y un poco tenso.
Tenso.
Tenso.
tenso.
tenso...
La idea se quedo en su mente, revoloteando mientras se acercaba más y más a la figura. Una idea se origino en su mente, un concepto extraño, algo que no se había presentado antes.
Aumenta la velocidad de su paso, sin saber porque, sus pasos resonaron suavemente entre la ensordecedora lluvia, chapoteando entre los charcos. Corrió y corrió más rápido, siempre viendo el foco y la figura, concentrada en el la luz cálida del farol. Siguió y siguió al punto de encuentro de la presencia extraña.
Se detuvo fríamente, mientras la lluvia nublaba su mirada y sus oídos, y la luz cálida iluminaba un circulo alrededor del foco.
A cada extremo estaba cada sombra.
La sombra salió de su transe, volteando a ver a la figura difuminada con la lluvia.
Se voltearon a ver, solo llegando a esbozarse siluetas vagamente en la masa gris que los rodeaba.
La luz parpadeaba más intensamente, llegando al riesgo de romperse y dejarlos en la oscuridad. Llego con una vibración que lo acompañaba paralelamente, hasta dominar la tormenta. Entre la luz restante se voltearon a ver.
La luz llego a un extremo y sin más remedio se apago. Sumergió a las figuras en la oscuridad y el silencio.
El farol volvió en sí y la figura salió del mar de sombras. Se encontraba sola, en el bosque, sin la lluvia en su cabeza y solo sus pensamientos para acompañarla. El camino de faroles seguía más profundo en el bosque y la figura siguió su camino, usualmente tranquila y sin prisa.
La interminable calle apenas era iluminada por una infinidad de faroles. Los locales, inidentificables por la tormenta, se amalgamaban el uno con otro, mas aun así logrando una lógica efímera. Seguía con paso firme y un poco tenso por el pasillo interminable.
La figura sentía el golpeteo de la lluvia a sus hombros, con gotas tan certeras como cuchillas caídas del cielo.
El camino no siempre había sido así, ó al menos es lo que la figura podría divagar en su ser. Un tiempo fue un bosque, un tiempo fue un pueblo, un tiempo fue un desierto, y un tiempo fue un rio. Siempre hubo cambio y el camino. Pero entre la neblina de su memoria, algo pasó.
Un cambio paulatino, pero violento y abrupto a la vez. El sol no había salido desde donde podía recordar.
En algún momento estaba presente, dando claridad a todo, pero pudo haber sido un sueño, si es que alguna vez tuvo uno.
Entre los callejones perpendiculares al camino, la oscuridad siempre era presente, sombras siempre escondiéndose de las farolas, y dando a infinidades vacías. La figura nunca observaba más allá de su camino, siempre ignorando los susurros provenientes de los caminos que no le pertenecían.
A veces entre la lluvia podía ver otras presencias trotar entre la lluvia, pasando de callejón a callejón, siempre a la distancia y sin llegar a ser iluminadas por los faroles. La figura nunca se preguntaba porqué, solo seguía su marcha.
Caminaba a paso seguro, mientras veía a otra forma perdiéndose en la tormenta de su vista y un farol empezó a titilar ligeramente. La forma lejana se detuvo y contemplo el foco fallido, iluminando su rostro. Un rostro brevemente iluminado.
La figura siguió a paso seguro y un poco tenso.
Tenso.
Tenso.
tenso.
tenso...
La idea se quedo en su mente, revoloteando mientras se acercaba más y más a la figura. Una idea se origino en su mente, un concepto extraño, algo que no se había presentado antes.
Aumenta la velocidad de su paso, sin saber porque, sus pasos resonaron suavemente entre la ensordecedora lluvia, chapoteando entre los charcos. Corrió y corrió más rápido, siempre viendo el foco y la figura, concentrada en el la luz cálida del farol. Siguió y siguió al punto de encuentro de la presencia extraña.
Se detuvo fríamente, mientras la lluvia nublaba su mirada y sus oídos, y la luz cálida iluminaba un circulo alrededor del foco.
A cada extremo estaba cada sombra.
La sombra salió de su transe, volteando a ver a la figura difuminada con la lluvia.
Se voltearon a ver, solo llegando a esbozarse siluetas vagamente en la masa gris que los rodeaba.
La luz parpadeaba más intensamente, llegando al riesgo de romperse y dejarlos en la oscuridad. Llego con una vibración que lo acompañaba paralelamente, hasta dominar la tormenta. Entre la luz restante se voltearon a ver.
La luz llego a un extremo y sin más remedio se apago. Sumergió a las figuras en la oscuridad y el silencio.
El farol volvió en sí y la figura salió del mar de sombras. Se encontraba sola, en el bosque, sin la lluvia en su cabeza y solo sus pensamientos para acompañarla. El camino de faroles seguía más profundo en el bosque y la figura siguió su camino, usualmente tranquila y sin prisa.
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