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Mostrando entradas de octubre, 2019

Mariano Torres

A la tercera vez que cantó el gallo, decidió levantarse. Un sol abrasador entraba por una rendija abierta en el muro de adobes. Pensó que debía ser muy tarde, pero no escuchaba ningún ruido. Ya habían pasado tres días desde que los del gobierno casi los aniquilaron por completo. Únicamente el Cacharpo Torres salvó el pescuezo junto con algunos de sus hombres. Armando Zavala, salió el jacal en el que durmió rodeado de tierra y estiércol. Afuera únicamente se observaban las cenizas de una fogata que se había extinguido durante la noche y el fastidioso gallo. Deslumbrado por un sol de media mañana fue reconociendo el ambiente. Tropezó con una botella, la olió. En su momento contuvo pulque, que era lo que bebían los revolucionarios. Junto a la botella, llamó su atención un papel: «Nos fuimos a Tuétano». Firmado: «Mariano». En ese momento recordó todo, se ciñó su cartuchera, empuñó el rifle, calzó los guaraches y colocó el sombrero. Se puso en camino a Tuétano por el camino d...

Edmond en Oblí

Hacía un calor terrible y Edmond decidió reclinarse en un árbol. Se sentó y al instante dejó de sentir el hostigamiento del sol. Su rojiza cara se empezó a enfriar con el pasar del viento. Miró arriba y se percató de una verde, enorme y gruesa hoja.  Le era refrescante por fin descansar pues había estado corriendo por un tiempo indefinible e incontable para un reloj común. La cabeza le empezó a pesar y su espíritu a quebrantar. Cayó rendido en la tierra de la selva.  “Seguro que ya está muerto.” Escuchó una voz varonil que le despertó pero decidió no moverse.  “ Sí, no muestra señales de vida.” Agregó una voz femenina.”Será mejor partir.”  Casi al instante seguido, Edmond sintió un metal frío y ardor en su brazo. No pudo evitar moverse súbitamente. Al abrir los ojos vio al hombre y a la muchacha, parados viéndolo fríamente.  “No eres de por aquí.” Le dijo la muchacha. “¿Cómo te llamas y de dónde eres?” “Mi nombre es Fernando y vengo de Nápoles.” Min...

Los dos

Estaba sola en aquella mesa del bar, era el tercer whisky que tomaba esa noche. El mesero la había observado con extrañeza, no era la bebida que solían elegir las mujeres, pero esa noche a ella ya no le importaba. Los hombres la miraban de reojo, ¿qué haría una mujer tan guapa como ella sola en un lugar así? ¿A quién esperaba? Encendió un cigarrillo y jugó con el humo. El mesero se acercó a la mesa y le ofreció otro whisky. -Por ahora no, ya tuve suficiente. Él se alejó, dejándola sola nuevamente. Ella observó aquel lugar, como si buscara a alguien. Había demasiadas personas; hombres guapos, altos, gordos, viejos, extranjeros, pero ninguno era a quien buscaba. -Todos son iguales- una mujer rondando los 30 había tomado el asiento junto al suyo. -Puede que se vean distintos, pero todos son la misma basura. -No espero a nadie, vengo por mi cuenta. -Pues no parece, llevas mirando la puerta desde hace tiempo. Ya olvídalo, no va a llegar. La mujer le hizo una seña al mesero y...