Mariano Torres
A la tercera vez que cantó el gallo, decidió levantarse. Un sol abrasador entraba por una rendija abierta en el muro de adobes. Pensó que debía ser muy tarde, pero no escuchaba ningún ruido. Ya habían pasado tres días desde que los del gobierno casi los aniquilaron por completo. Únicamente el Cacharpo Torres salvó el pescuezo junto con algunos de sus hombres. Armando Zavala, salió el jacal en el que durmió rodeado de tierra y estiércol. Afuera únicamente se observaban las cenizas de una fogata que se había extinguido durante la noche y el fastidioso gallo. Deslumbrado por un sol de media mañana fue reconociendo el ambiente. Tropezó con una botella, la olió. En su momento contuvo pulque, que era lo que bebían los revolucionarios. Junto a la botella, llamó su atención un papel: «Nos fuimos a Tuétano». Firmado: «Mariano». En ese momento recordó todo, se ciñó su cartuchera, empuñó el rifle, calzó los guaraches y colocó el sombrero. Se puso en camino a Tuétano por el camino d...