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Mostrando entradas de septiembre, 2019

El Bioma.

Corría bajo la lluvia, tan agitada que se escuchaba el golpeteo de los charcos a cada paso. Lo sentía a la distancia. El camino a Hel había desaparecido y fue remplazado por un pantano de manera tan espontánea como la aparición de la tormenta. A través de las oscuras hojas de la jungla y las borrascosas nubes, se pudieron vislumbrar brevemente las dos lunas características de aquel planeta tan distante de la tierra, que la observaban con su tono pálido y rojizo. La atmósfera arriba de las nubes de tormenta estaba compuesto por gases letales para cualquier forma de vida, y le daban al lugar un desorientador tono amarillo. -Debo llegar al elevador.- pensó Robin de manera rápida, aun son el transmisor dando su monótono y seguro mensaje. Se le aceraba, sentía su presencia más opresiva por momento. Nunca debieron bajar al cañón. I Surtur-17 no debía tener capacidad de albergar vida, la idea era inconcebible por todo lo conocido por la ciencia moderna. E l conocimiento de colo...

Mancharse de sangre

Corría bajo la lluvia, tan agitado que se escuchaba el golpeteo de los charcos a cada paso. Cansado, llegó finalmente a la casa donde lo habían citado. Tocó desesperado la puerta mientras se empapaba bajo la lluvia. Se escucharon pasos acercarse a la puerta. Apenas las cerraduras empezaron a girar y la puerta a rechinar, desesperado, empujó la puerta.  “Imbéciles, acabemos con esto rápido.” Dijo mientras se quitaba el sombrero y se lo entregaba a quien le había abierto la puerta. Prendió un cigarro y se paró lo más derecho posible. “¿Dónde está?” Hablaba como si tuviera los dientes pegados pero abriendo mucho los labios. “¿Por qué tanta prisa, detective?” Le cuestionó el hombre sentado en el sillón de la sala. “Entiendo que fue usted quien se ofreció a hacer el trabajo.” “La única razón por la que me ofrecí es porque conozco a la gente como usted, cobardes que no pueden hacer el trabajo duro.” El detective empezó a caminar por la sala, siempre muy erguido. “Yo ya no tengo n...

Sangre y vida

Corría bajo la lluvia, tan agitado que se escuchaba el golpeteo de los charcos a cada paso. Conforme avanzaba se iba haciendo más tortuoso seguir la ruta hacia la cabaña. Además de estar cargando una bolsa de basura un poco pesada, el lodo hacía más arduo el camino y su visión era nebulosa. Pero el joven huérfano sabía que no podía fallar en esta misión si quería ser miembro de “La Familia”, y él estaba determinado a ser parte de ella. Cuando llegó a su destino por fin pudo darse un respiro. “La Familia” lo recibió felicitándolo por haber cumplido su cometido, su primer gran tarea. No había sido fácil, había estado acostumbrado a robar comida, desembolsar a transeúntes y hacer encargos que no requerían de un gran riesgo; pero ésto, ésto era diferente. Le había sido encomendada una misión especial para antes de la medianoche: traer a un niño a la cabaña vivo o muerto. Los integrantes de “La Familia” examinaron al niño difunto que traía dentro de la bolsa. Tenía una apariencia pálida...

Diez

Diez. Corres bajo la lluvia, tan agitado que escucha el golpeteo de los charcos con cada paso que das. Tienes que escapar. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, la tierra tiembla a tus pies: nueve. Habías visto la señal en tus sueños, pero jamás creíste que fuera verdad.   Te habían advertido tantas veces y decidiste ignorarlo, ahora pagarás las consecuencias. Uno, dos, tres, cuatro, cinco; no hay nadie que te ayude, eres el último; seis, siete ocho. Estás solo.   Cuentas sin saber por qué. Pero no eres tú el que cuenta, es él, anunciando su llegada. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis; sabes que con cada número está más cerca de ti, no sabes cómo luce, pero sientes su presencia; siete. El aire cada vez se vuelve más denso, sientes cómo tus pulmones se comprimen y necesitas parar. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Hubieras obedecido sus órdenes, como lo hicieron los demás, así no estarías huyendo de él. Seis. Llega el anochecer y la gran tormenta se aproxima. Su...

Fantasmas

Corría bajo la lluvia, tan agitado que se escuchaba el golpeteo de los barcos a cada paso. Podía sentir el sudor en su espalda mezclarse con las gotas que le golpeaban la camisa.  Los podia escuchar detrás de él. Había perdido la cuenta de cuántos eran. Podrían ser dos, diez, cien o miles los pasos que escuchaba, corriendo ferozmente a su espalda. No estaba seguro de cuándo comenzaron a perseguirlo. Tal vez cuando apagó la luz de su oficina y cerró con llave ya lo estaban siguiendo. O tal vez fue cuando estaba solo en aquella parada de autobús. Pero ya sabía que lo perseguían al sentir su presencia, mucho antes de que se vieran las luces de cualquier camión. Comenzó a correrá antes de que lo atraparan. Corrió por lo que parecían horas. Corrió, corrió, corrió y casi se cayó un par de veces. Pero no podia dejar que lo alcanzaran. No podia imaginarse lo que le harían. Sabía lo horrible que era el vecindario, por eso no podia detenerse. Aun si sentía que sus pulmones se quemaban...

Lo que cabe en un adiós

Hoy se fue papá. Se supone que tiene un proyecto de metalurgia en Japón, por lo que tendrá que vivir allá un par de años y es la razón por la que nos quedaremos solos mi mamá, yo y mi pequeño hermano, que nacerá en tres meses. Sobra decir lo desconsiderado del caso; como si no pudiera mi papá conseguir trabajo en el país. Ayer me dio una de esas charlas de película. Que ahora yo seré el hombre de la casa y que debo de cuidar de mi mamá, pero ¡qué desconsiderado al decir eso! Tengo apenas 12 años, es más que evidente que no puedo ser el hombre de la casa, no sé qué significa serlo. Apenas puedo hacerme de desayunar cuando mi mamá se va temprano de casa y ¿ahora yo tengo que cuidar de ella? ¿Cómo se supone que haga eso sin fallar? — Sé que ahora no puedes entenderlo, hijo — decía mientras ponía sus enormes manos sobre mis hombros —, pero te juro que esto lo hago por ustedes. — Si ya no piensas ser mi papá, mejor ni me des consejos — dije mirando al suelo y apretando los dientes. ...

Cambio de base

Hoy, más que el uno y el cero, más que la lemniscata abstracta de pura negación, existe lo que quiero llamar un "afuera", que es mucho más que una transformada, algún campo quisquilloso o un "for" anidado. Hay amor, pasión; una linda jovencita de botas azules que conocer, en quien perderme y un uróboros natural que nace en mí, muere en mí y vuelve a nacer, pero que circunda más allá de un estudio. Idea original: un joven entra a la UP y se percata que hay más que sólo la escuela.

El dolor de un recuerdo

Aquella noche de luna llena fue la última vez que la vio, sabiendo que no se había ido por enojo o traición, si no por deber Él recordó todas aquellas cosas que hicieron juntos, y aunque los recuerdos lo entristecieron era mas la felicidad que le traían por haberlos vivido que la tristeza por que se hubieran acabado. Sin embargo aquella chica no solo le dio recuerdos sino que también ayuda y apoyo, le dolía mas el saber que ya no tendría a esa chica que le enseño a amar. Frase: El pasado se convierte en un recuerdo doloroso no cuando sabemos que no se puede cambiar, sino cuando tenemos la certeza de que nos cambió para siempre.

La magia en lo insignificante

Aquel llavero que encontré en las cosas perdidas parecía cosa ordinaria, estaba algo roto y muy desgastado, era una pequeña cabeza de un personaje principal de una serie animada algo conocida. Pero se podía percibir algo extraño en el llavero;, entiendo que al ser un llavero estuviera usado, pero estaba excesivamente desgastado. No logre entenderlo hasta que me puse en los zapatos del propietario misterioso. Una serie te presenta varias situaciones, ademas te hace sentirlas, experimentarlas, ser parte de ellas y eso había hecho el llavero con el propietario, lo transporto, lo hizo olvidarse de la realidad y poder vivir una aventura, justo eso que el buscaba, algo diferente, algo único. Ahora estoy preocupado por el propietario, aquella reliquia que parece insignificante en realidad tiene un gran valor ya no esta en su posesión. Debo encontrarlo, debo devolverle sus alas para que pueda seguir volando.

Perdido

"Yo no entiendo el francés", pensé,  " Que buen momento para acordarme" dije pensando en voz alta, aunque dudé que alguien me entendiera. Mi mañana comenzó con el olor a pan recién horneado, a pesar que no tenía la ventana abierta. Caminé siguiendo el olor, caminado más y más lejos de mi casa mientras me imaginaba con un croissant y saboreando un chocolate caliente para acompañarlo mientras veía por una ventana el ambiente matutino. Mi caminata casi catatónica me termino llevando por calles amplias y callejones rústicos ó al menos eso recuerdo de aquel viaje sin razón. Recuerdo el chocolate y el pan, su textura y lo delicioso que era. Recuerdo estar viendo a la ventana, donde se filtraba el sol de medio día. Lo recuerdo cada detalle, como si estuviera en cámara lenta y parece todo tan perfecto. Pero luego desperté. Me levante a la barra a pedir la cuenta y la persona al frente mío me respondió con algo que no entendí así que lo voltee a verlo y, saliendo...

Un eterno diálogo

Habíamos quedado a las 10:00. Un minuto antes ya estaba allí. Tenía los ojos clavados en la puerta, pero no estaba mirando. De repente, una mujer capturó mi atención. Sonrió al recepcionista y preguntó si había llegado don Luís. Éste respondió afirmativamente y acto seguido la condujo hasta mi mesa. Durante esos segundos me dio tiempo a pensar demasiadas cosas. Aunque la conocía de toda la vida, no la había visto desde que nos separamos en Sao Paulo, hace unos nueve años y 122 días. Siempre había pensado que ella era la elegancia en persona. Sus labios finos dibujaban una asimétrica pero grácil sonrisa que se ampliaba hacia la derecha; sus dedos alargados con cuidadas uñas carmesí sostenían una elegante cartera negra; los zapatos altos terminados en punta producían un suave golpeteo; su caminar pausado delataba su edad. Mujer de carácter, sabía lo que quería. Se fijaba en los pequeños detalles y era en las cosas más minúsculas donde encontraba la felicidad. Agradecida por t...