Canta, gorrión, canta.

Canta, gorrión, canta.

Mis plumas comienzan a caerse y no sé porque. Mentira, sí sé. 
Cada mañana, tarde y noche me dan de comer, mucho para ser un pequeño gorrión, diría yo.
No paso frío y no paso calor;  ellos se encargan de tenerme en el mejor lugar posible, donde me sienta mejor, más cómodo.
Mi jaula es la mejor jaula que existe, algunas aves podrían envidiarme. Es de oro.
Cada pedazo de ella les ha costado mucho a mis dueños,
trabajan todo el tiempo porque creen que la jaula de oro es lo que me hará feliz.
Mis dueños me aman. Yo obedezco todo el tiempo. A veces me dejan volar por todo el jardín,
y aunque podría ir más lejos y escapar, no me voy más allá, sólo porque los amo… y también porque me da miedo.
Hay un perrito en el jardín que me acompaña a veces, creo que es el animal que más he querido en toda la vida,
porque es tierno, y también es obediente; a veces se lo llevan y paso semanas sin verlo.
No está muy lejos, pero lo extraño cuando se va. Siempre que regresa al jardín hace feliz a todo el mundo,
porque brinca mucho y siempre está sonriendo. Mis dueños también lo aman pero no puede salir del jardín,
eso lo hace infeliz igual que a mi.
Yo sé que podría escapar y a veces sí me voy un poco lejos para saber que hay más allá, pero ese perrito no puede,
a él lo tienen amarrado.
Hay algo más en el jardín. Es una mariposa.
Sé que un día su ala se lastimó y desde entonces no ha querido salir. No tiene el valor de hacerlo.
Ella ya sano, está lista para volar, aunque mis dueños digan lo contrario, solo que no tiene el valor de hacerlo,
ella se ve a sí misma como la oruguita que era, y todos los demás la percibimos como ella se ve.
Amo a la mariposa pero nada me daría más gusto que se fuera e intentara ser feliz.
Volviendo a mi, me gusta mi jaula, es cómoda y la valoro mucho
pero me llena de tristeza saber que la vida pasa y no he salido.
Mis plumas comienzan a caerse y sí sé porqué. Se caen porque no ocupo mis alas para volar.
Las aves me admiran pero no se dan cuenta que lo único que quisiera es tener libertad,
poder conocer el mundo, conocer aves de todo tipo, volar tan lejos y alto como mis alas me lo permitan.
Quisiera que mis dueños supieran que sé el camino a casa y que no haría nada imprudente.
Quisiera que confiaran en mí. Y quisiera no tener miedo.
Quisiera saber, por unos minutos, qué se siente volar y ser libre.
Pero como no lo sé, seguiré cantándole a aquel amigo que mantiene mi esperanza,
aquél al que le hablamos el perrito, la mariposa y yo. Aquél al que los tres le confiamos nuestro futuro.
Cantaré hasta el cansancio. Cantaré hasta que me escuche. Cantaré fuerte y alto, porque sé que me oye,
sólo está esperando al momento perfecto, porque como dicen por ahí, sus tiempos son perfectos.

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