Cómo fui

Fue hace un año.

Esa noche me era difícil imaginarme allí.

Yo, el que nunca salía los viernes. El que siempre tiene “tarea” por hacer, o “se siente mal”, o “ya tenía un compromiso”. No importaba el pretexto. Lo importante era no repetirlo para que sonara creíble. Al fin y al cabo, ¿cómo sabrían la calidad de actor que soy?

Pero aquella noche decidí salir de esa mentira.

Me dije “¿qué puedo perder?”

Solo bastó una noche llena de luces, de ruido, de sabores que jamás había probado, decidí que esto iba a ser lo mío. Este era yo a partir de hora.

Pero hoy, un año después.

Me doy cuenta de que caí en la más grande de mis mentiras.

Me doy cuenta de que perdí lo único que valía la pena conservar.

A mí mismo.

Comentarios

  1. Creo que este cuento es la revelación que deben vivir todos los que van constantemente a antros, considero que yo la tuve de un modo similar. Es preguntarse si en serio nos gusta ir o sólo es una fachada de alcohol y libertinaje.

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  2. Curioso ritmo con oraciones desconectadas, son como elipsis que esconden quizás anécdotas puntuales de lo narrado.

    Interesante contarlo desde el futuro, lo único malo es que, por el tono, sabemos por dónde va la cosa.

    Me gustó el: "Yo, el que nunca salía los viernes". Es una buena frase, sobre ella se puede construir una identidad completa. Se me antojaría leer un poco más sobre qué implicaciones tiene una sentencia como esa.

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  3. Me gustó mucho tu relato, explica delicadamente la superficialidad de los antros "Solo bastó una noche llena de luces, de ruido, de sabores que jamás había probado". Aunque, como dice Gabriela, puede ser un tanto predecible, el final sigue siendo bueno.

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