El Stalker, que le dicen

De primero, observo que viene bien vestida, con un bolso que, a mi parecer, combina con su conjunto. Inclusive, parece de buena marca.
Las uñas cuidadas (las veinte) aparentan que tiene gusto por lo que las personas ven en ella.
Examinando más de cerca veo que el reloj que trae no se conecta con el teléfono (a primera vista, al menos), por lo que puedo inferir un gusto por las cosas, más por su practicidad que por algún otro motivo.
Los lentes no son de fondo de botella (o tan excesivos como los míos). Vista cansada. ¿Por leer demasiado? ¿O por largas horas perdida en una pantalla? Bueno, la mirada segura denota que no se pierde tan fácil. Un rasgo admirable, que se complementa con los colores vivos de su vestimenta, una persona que sabe a dónde va y no tendría por qué sentirse extraña ante las miradas de quienes, por ejemplo, la ven para imaginarse ante ella una historia sin saber más que lo que los ojos permiten deducir... o lo que, más bien, ella nos permite ver dentro de un mundo que, hasta ahora, permanece guardado por silencios.
Hasta que alguno llega tarde (como yo) y rompe ese silencio.
Silencio que se empeña en volver.

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