Vista atrás

Su mirada era orgullosa y analítica, era una mujer hecha a sí misma a la que la vida no le había regalado nada. Llevaba sobre sus espaldas tan solo 31 años, pero acumulaba la sabiduría que solo se ve en los ancianos de los antiguos pueblos y que alguna vez habremos observado en nuestros abuelos.
Su gesto transmitía paz, las cejas perfectamente formadas y la frente alta, inteligencia y su vestimenta, orden.
Nadie hubiera imaginado que no siempre fue así. Solía ser la tímida de la escuela, a la que no le gustaba destacar. Todo cambió cuando su papá desapareció.

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