Juntos


Mis amigos y yo somos muy cercanos; compartimos nuestros secretos, nuestras alegrías, nuestros temores básicamente compartimos todo. Cualquier persona envidiaría nuestra amistad. ¡No hay nadie tan unido como nosotros!
Sara es una chica muy segura (y muy guapa), sale con Raúl, todo un deportista. Ellos son los goals de todos.  El otro día Raúl le llevó unas flores a Sara, eran divinas, y después se fueron a cenar a un restaurante carísimo. Obvio subieron todas las fotos de aquella noche a Instagram, fueron la envidia de sus followers.
Miguel se la vive viajando, ha ido a París, a Italia, a Japón y a muchos otros lugares. Ahorita está en Grecia y, como prometió mantenernos al tanto de todo lo que hace allá, nos manda selfies de los lugares que ha visitado.
También están Cristina, Antonio y Renata; ayer se fueron a una fiesta todos juntos y parece que se la pasaron muy bien. Hoy también hay una, es en la Condesa. No sé si ir, tenía planeado quedarme en casa viendo mi serie en Netflix, pero una buena fiesta no se desprecia. Parece que la mayoría irá: setenta personas han confirmado y treinta y cinco están interesados; tan solo siete no asistirán.
Debería enviarle un mensaje a Sara para ver cómo irá vestida, a lo mejor me da consejos de qué usar. Ella responde en cuestión de segundos y me comparte el outfit que tenía pensado. ¡Perfecto, ahora sabré qué ponerme para no ir iguales! No hay nada peor que vestir lo mismo que otra persona en una fiesta.
Una pequeña notificación llega a mi celular, pero decido no hacerle caso, detesto que esos mensajitos estorben en la pantalla. Cristina quiere ir a mi casa para arreglarnos juntas, lo cual me parece una estupenda idea, así ella me ayuda con el maquillaje. Nos ponemos de acuerdo y quedamos de vernos a las seis.
Parece que hay una nueva story de Miguel. ¡Ahora está en Santorini! Me muero de celos por estar allá. Le mando un montón de corazoncitos de colores y él me responde con un emoji de beso.
La molesta notificación aparece de nuevo. ¡Ya no la soporto! La elimino nuevamente y sigo en lo que estaba.
Parece que Renata también vendrá a mi casa esta tarde, acaba de enviar un x2 al mensaje de Cristina preguntándome si podría ir. Le respondo que sí con un sticker, amo a mis amigas, siempre hacemos todo juntas.
Sara nos avisa que llegará un poco después porque su mamá le acaba de pedir que vaya por su hermanito al fútbol, pobre de ella. Nos envía una carita triste.
Hablando de mamás, ¡tengo que preguntarle a la mía si pueden venir las chicas! Abro el chat y comienzo a teclear: Oye ma…
La pantalla se vuelve negra. No, no, no. Esto no puede pasar.
Pico desesperadamente, esperando una respuesta. Ha muerto.
Levanto la mirada del celular y observo la mesa donde estoy sentada. Alrededor de mí están Renata, Sara, Raúl, Cristina y Antonio; todos ellos observando fijamente sus celulares, sin percatarse que ya no estoy con ellos.

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