Nada

Hoy es uno de los pocos días que tengo para mí sola. Me levanté a buena hora y desayuné lo suficiente para no sentir que la talla de mi ropa me lo empieza a reclamar.
Deambulo sin rumbo por los páramos de mis cuentas en redes sociales. Dejé de disgustarme por las noticias que veo en estos lugares hace mucho tiempo, y dejé de buscar entretenimiento hace todavía mas. No sé qué es lo que busco. Pero no encuentro nada.

Es entonces que decido ponerme frente al monitor de mi computadora. La enciendo y encuentro fácil la aplicación que uso para escribir. 

Antes la usaba constantemente. Escribía palabras para alguien que daba colores a mi vida. Palabras que hablaba mi corazón y que daban calor a las heladas noches del verano...

Pero el verano murió y se llevó ese amor, ese calor. Se llevó su calor. Se llevó el color que mi vida había ganado. Y se llevó mis palabras. Mi corazón quedó mudo.

Hoy quería cambiar eso. Ha pasado un año y quería saber si mi corazón tenia algo qué decir. Quería escribir nuevas palabras, aunque fueran solo para mí. Tenía la esperanza de escuchar una tenue voz, una señal de vida que me hablara y me dijera “sigo aquí”. “Sigues aquí”.

Pero no escuché nada.

Podía ver la blancura inclemente de la pantalla al cerrar mis ojos por las horas interminables que esperé un sonido, una luz, un calor.

En su lugar sólo recibía la fría burla de la hoja en blanco frente a mí.

Ahí comencé a sentir un calor. Un calor y un cosquilleo, deslizándose sobre mi mejilla. Otro más, ahora en la otra mejilla. Al pasar la manga de mi blusa por mi cara noto cómo de repente está mojada.

Derramé lágrimas.

Cada lágrima daba paso a la siguiente. Parecían no detenerse. Trataba de detenerlas, pero fallaba. Y al cerrar los ojos para contenerlas volvía a ver la página en blanco frente a mí. Tan vívida como antes de cerrarlos. Quería escuchar a mi corazón, pero recibí silencio. Silencio que rompieron mis primeros sollozos. Seguía tratando de escuchar algo más, pero no podía. Me sentía perdida. Mis sollozos escalaron y antes de que lo supiera comencé a gritar. Gritaba entre lágrimas, pidiendo ayuda a cualquier alma que pudiera escucharme. Que pudiera ayudarme a escucharme otra vez. Que me ayudara a encontrarme otra vez. Sentía mi cara arder. Sentía mi cuerpo en llamas. 

Pero en mi pecho no sentía nada. 

Mis gritos se perdieron en la nada.

Poco a poco cada uno de mis gritos quedó reducido a sollozos. El sollozo fue reducido a simples lágrimas.

Recibí de mis gritos lo mismo que recibí de mi corazón.

Nada.

Sin saberlo, me dormí entre mis lágrimas. Jamás recordé apagar el monitor.

Pero sabia que me esperaría mañana que me despertara.

Con lo mismo que tenía mi corazón para decirme.

Con lo mismo que el mundo tenía para ofrecerme.

Nada.

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