Se busca héroe

Estoy buscando un héroe para esta historia, ya sabes, de esas personas que se caracterizan en la literatura por causar admiración en el lector. Suelen ser caballeros con armaduras o personas que parecen normales pero resultan tener poderes. Tengo la esperanza de encontrar una historia tan real que se salga de las páginas, ¿o que entre?
Camino por los pasillos de una universidad, raro lugar para encontrar una trama tan trascendental como un perro de tres cabezas, una piedra mágica, una cámara escondida subterráneamente o incluso pedazos del alma de un villano, pero no tan raro encontrar un héroe. Héroes los hay de todo tipo, los que tienen superpoderes, los que ayudan a las personas en su día a día o que simplemente regalan sonrisas a todos los que se topan. Es por eso que estoy seguro que encontraremos un héroe en esta universidad.
Veamos, ese que va pasando por ahí, él parece ser fuerte, apuesto, alguien que seguro te rescataría valientemente de un problema, alguien que… ¿molesta a los débiles? No, no. Él parece ser más bien el malo de la historia. Sigamos viendo. Ese de allá, un chico muy común, parece ir muy apresurado. 
Ahora sí, empecemos. Él es Antonio, corre muy apresurado hacia… su coche, se está yendo, se fue. Bien, no podremos saber más de él, su historia quedará en un “continuará…”, una historia que tendrá que esperar. Intentémoslo una vez más, esa bella chica, lamento tanto que no la puedas ver, es muy linda y coqueta. Sabe destacar de entre las demás, esa presencia que tiene logra cautivar y es encantadora, ondea sus cabellos de un lado a otro y camina segura, con una mirada potente. Oh, espera, acaba de sacar un cigarro, no creo que el fumar sea un buen ejemplo de figura heroica para los lectores. 
Así he pasado toda la tarde, viendo a las personas, no he podido encontrar ese héroe ideal. No parecen ser héroes o se van repentinamente. No los voy a perseguir, parecería un acosador. Ahora mismo compro un café. Necesito un descanso, un descanso de no hacer nada, aún no hay nada escrito en mi hoja. ¿Y todo esto que has estado leyendo? Esto sólo fue escrito por un tipo de narrador del narrador, no me preguntes más, no tengo el placer de conocerlo y no sé más. ¡Espera! Finalmente. 
Sí, ella es perfecta. Esa muchacha sentada en una de las mesas. Es alguien muy simple y es justo esa simpleza la que la hace tan única, tan ella. Se encuentra muy pensativa. Probablemente piensa en su novio, estoy seguro que tiene novio. O en sus estudios, sí, es eso, se ve un tanto preocupada. 
Carla camina por los pasillos de la universidad. Llega puntual a su clase, aquí es cuando entra el novio, estudian lo mismo, comunicación y acostumbran sentarse juntos. Cuando alguno de ellos falta a clases, el otro deja una manzana junto a su banca, fruta favorita de ambos, un detalle cursi que los hace una bonita pareja. Siempre son ellos dos y unos cuantos amigos más. Ambos llevaban 2 años felizmente juntos. A Carla siempre le había encantado la idea de estar con él, lo amaba con todo su corazón. 
— Papas para ti y galleta para mí.— Le dijo Carla a su novio con una sonrisa cuando llegó a la mesa de la cafetería de la universidad con una charola.— Coca-Cola para ti y Pepsi para mí y aquí están las hamburguesas.— Ese era el desayuno que habían decidido tener esa mañana.
Carla se sentó y empezó a comer su hamburguesa. Sin embargo, su novio no hacía nada, estaba sentado viendo a la hamburguesa, nada más. En los últimos días había estado muy pensativo, nunca parecía estar prestando atención a la realidad.
— Emi, despierta, tu hamburguesa.— Le dijo Carla.
— ¿Eh? Sí, gracias.— Emilio tomó su hamburguesa pero la volvió a dejar al instante sin siquiera probarla.— Oye y… ¿cómo has estado estos días? 
Carla se quedó pensativa, no entendía a lo que Emilio se refería. La había tomado por sorpresa.
— ¿A qué te refieres?— Carla dejó su hamburguesa.— Pues… he estado bien. Las tareas me traen como loca pero… 
— No, no me refiero a las tareas. Es sólo que… ¿te gusta tu vida?
— ¿Qué quieres decir?— Le dijo Carla quien estaba empezando a desesperarse.— Sólo dilo.
Emilio se quedó estupefacto. No supo qué decir, no sabía cómo continuar hablando.
— Creo que es momento…— Empezó a decir al fin. Inhaló y exhaló, tratando inútilmente de relajarse.— Creo deberíamos tomar el siguiente paso.— Ahora era Carla la que no tenía palabras.— Yo lo he estado pensando y verdaderamente es lo que quiero.— Le dijo Emilio, que ahora se hincaba muy cerca de Carla y le tomaba la mano.— Si tú lo quieres, por supuesto.
— Pero, ¿te refieres a tú y yo?
— Una familia, sí. Ya estamos terminando la universidad, creo que es buen momento. No tienes que preocuparte por el dinero, de verdad. 
— No, no es eso. ¿No crees que es un poco apresurado? Aún nos quedan muchas cosas por hacer.
—Bien, ¿y qué es lo que quieres hacer?— Le dijo Emilio con una sonrisa.— Estamos empezando el día y podríamos escaparnos de aquí. ¿Recuerdas esas tantas veces? Tenemos que volver a hacerlo.
Carla volteó a todos lados, ahora todos los de la cafetería los veían y especialmente a ella. Era obvio lo que pasaba ahí, incluso sin siquiera escuchar lo que decían. Una chica nerviosa y un chico que se le arrodillaba en frente, sólo faltaba el anillo en una cajita. Todo eso ponía aún más nerviosa a Carla, era demasiada presión y realmente no era lo que ella quería, no por el momento. No sabía qué hacer. 

Aunque claro que, como debería recordar el lector, todo esto fue tan sólo una especulación de lo que la chica sentada frente a mí, imaginaba. Yo seguiré buscando mi héroe, todo este tiempo la he mirado y creo que ya la asusté.

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