¿Y si no hubiera sucedido?
Miranda
jamás había superado el divorcio de sus padres, era algo que constantemente la
atormentaba. Todavía recuerda el día en que él se fue de la casa; primero hubo
gritos, feroces y desgarradoras palabras salieron de los labios de ambos;
después el silencio ahogó sus esperanzas, no hubo disculpas ni reproches, solo
el pesado sonido del viento entrar por la ventana de la habitación de aquella
pequeña niña. Cientos de ojos de plástico se posaron en ella mientras su vida
se derrumbaba, ¡cuánto hubiera deseado que todo fuera un juego!
Pasaron
las horas y los recuerdos poco a poco desaparecían, quedando encerrados en
cartón para siempre, o al menos eso creía. La puerta finalmente se cerró y dejó
atrás un hubiera. “¿Y si todo hubiera sido distinto? ¿Y si no se hubiera ido?
¿Y si hubiera hecho algo para evitarlo?” Pero a quién engañaba, era tan solo
una niña que no podía hacer nada; tan impotente, tan infantil, tan sola…
Esa
noche su madre lloró, mas Miranda no pudo hacerlo. Tenía que ser fuerte, fuerte
por ambas, no podía ser débil ante la situación, no quería perder a nadie más.
Los
años pasaron y ciertas noches al mes su madre desaparecía en la oscura
habitación que solía compartir. El tic tac del reloj era eterno, podían pasar
minutos, horas… Y ella permanecería dentro sin hablarle. Miranda terminó por acostumbrarse
a estos rituales, “es una noche más de ésas” pensaba, sin embargo, su corazón
sabía que, efectivamente, era una noche más de dolor.
Miranda
creció y comenzó a salir, como era normal en cualquier señorita. Ella era
juguetona, cariñosa y sonriente; mas, dentro de ella, sabía que tenía miedo a
ser lastimada.
Cuando
tenía quince años la tragedia sucedió. Iba de regreso a su casa una noche de
viernes, Miranda no solía usar sus llaves por flojera, por comodidad, prefería que
su mamá la recibiera en el portón con una sonrisa y un abrazo. Esa noche ella
no abrió.
Miranda
jamás había superado el divorcio de sus padres y no sabía qué iba a hacer ahora;
tenía la sortija en las manos, pero no podía dar el sí.
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