El sirviente se marcha

Ya no vería esos jardines multicolor. Ya no conocería la felicidad, sino el placer. Sabía que el mundo lo rechazaría, sin su rey, no era nada. A donde fuera, la frialdad lo perturbaría. Eso lo sabía bien, pero su arrogancia era más grande. 

Sin más, tomó sus cosas, que no le pertenecían en verdad, pero las tomaba como suyas. Nada era suyo realmente, ni él mismo, sino del rey; eso lo fastidiaba aún más. Sabía que no había vuelta atrás una vez que cruzara los portones del castillo, pero no le importaba. Nada le importaba. Buscaba el cambio, un cambio en el que él fuera el rey, no era para menos, sin importar el costo.

La noticia de su partida entristecía a todos en el reino. Los sirvientes se sintieron frustrados, sabían que no podían faltar su palabra ante el rey, mas hubo quienes se convencieron de los ideales del sirviente que partía.

Nada terminaba ahí, pasarían años de guerra en los que él perdería, lo sabía. Siempre perdería él pero la decisión ya estaba tomada.— Lo que vas a hacer, hazlo pronto.— Le dijo su rey. Fue así como el demonio partió de los cielos.

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