Figurita

Es un figurita que reluce junto a la computadora, en el escritorio. Aunque no lo parece a simple vista, ha recorrido muchos años, pero ha sido bien conservada. Aún recuerda sus primeros años con exactitud. 
Como es evidente, muchas veces no tiene nada en qué pensar, es entonces que se pone a recordar, siempre refrescando su memoria. Pero no te confundas, la memoria de un adorno no está en su mente, si tiene alguna. Por el contrario, está en todo su ser. Recorre cada milímetro de su porcelana. Recuerda cada toque que alguna vez sintió, cada escena que alguna vez vio, cada aroma que alguna vez olió y el significado emocional que conllevan esos sentimientos. 
Recuerda la vez que fue creada. El aroma de los materiales y el ambiente sereno que se respiraba en aquel taller. Recuerda las manos rasposas que reflejaban el arduo trabajo de su creador. Fue increíble llegar a la vida. Cada parte de su ser había sido pensada, una figurita de un patito dorado muy oscuro. 
Recuerda la primera vez que le deslumbró la luz que daba directo a la vitrina donde posaba. Veía a transeúntes pasar frente a ella, muchos ni la notaban pero había quienes se detenían con alegría a observarla. La veían y sonreían. 
Un buen día llegó un muchacho. Esta vez, el patito vio la sonrisa más grande y sincera que jamás había visto. El patito lo supo en aquel instante, debía estar con él. El patito fue desempolvado de la vitrina, vio nuevos horizontes y llegó a la casa del muchacho. Con entusiasmo lo veía tocar el piano todas las mañanas, antes de que se fuera a la escuela. Al muchacho le encantaba tocar el piano y al patito le encantaba oír, se sabía de memoria todas las armonías.
Cada vez se empolvaba más en el piano de la sala, no lo hacía sentir bien, le recordaba a la vitrina. La música del muchacho era lo único que lo calmaba, la música que un día se detuvo repentinamente por el sonido de un timbre. El timbre sonaba muy seguido, pero ahora era diferente, ahora le importaba al muchacho. Sus armonías habían sido muy nerviosas esa tarde y se le veía ansioso. 
El muchacho abrió la puerta y dejó pasar a una muchacha. “Por favor, toma asiento.” Le dijo el muchacho a la visita. Poco a poco, su diálogo se tornó en un monólogo, no dejaba hablar a la muchacha. Estaba tan nervioso el pobre que el patito sintió lástima de él. “Bien, escucha.” Dijo el muchacho y se sentó frente al piano. Se irguió, levantó los brazos, acarició las teclas y empezó a tocar. 
Una sonrisa en el rostro de la muchacha se empezó a dibujar, le gustaba lo que oía. Empezó a mover el pie, luego los brazos y de repente ya estaba caminando armoniosamente hacia el piano. Se detuvo y vio al patito. Era la primera vez que alguien le sonreía en mucho tiempo. La muchacha lo tomó, lo desempolvó y rió. Empezó a danzar con el patito en la mano. 
Sin darse cuenta, el patito sintió el frío del suelo y piezas separarse de sí mismo. La armonía se detuvo. 
“Oh, no te preocupes. Es una figurita que compré hace mucho, ni siquiera la recordaba.” Le dijo el muchacho a la muchacha. 
“No, no, perdóname. Era muy bonita. Se me zafó y…”
“No te preocupes, en serio. Además sólo fue la base.” 
Ambos sonrieron y el muchacho dejó al patito en un cuarto. Las visitas de la muchacha se volvieron más recurrentes, el patito lo supo pues podía escuchar las armonías y los pies de la muchacha. 
El patito fue arreglado. Ahora no tenía base, pero se veía mejor que nunca, con un hueco debajo. El muchacho, al terminar de arreglarlo, lo dejó en una mesa y lo observó. No se tambaleaba, estaba listo. Fue limpiado y puesto nuevamente en el piano.
”¡Lo arreglaste!” Dijo la muchacha apenas llegando a la sala. 
“Puedes quedártelo. Lo arreglé para ti.” 

Ambos se sonrieron y a partir de ese día, ahora el patito se mantiene desempolvado junto a la computadora en el escritorio de la muchacha. Recuerda con nitidez y felicidad todos esos momentos, desde las manos rasposas de su creador, pasando por la deslumbrante luz de la vitrina, por el polvo del piano, para terminar reluciendo en el escritorio junto a la computadora, con una sonrisa diaria de su dueña y siempre desempolvado.

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