Hace cinco años que no la veía. Por fin después de largo
tiempo me iba rencontrar con Dani. Aún recuerdo cuando la conocí. Yo en ese entonces
comencé a trabajar en una startup, llamada Renda Fixa, y a la semana de haber
llegado a la empresa. A mí y a un compañero del área nos comentaron que pronto una
chica de Bolivia se iba a integrar al equipo. Adrián, el chico con quien trabaja
codo a codo en el área de ventas de la empresa y yo, estábamos algo emocionados
de conocer a la boliviana. La verdad no sabíamos que esperar. Ya que no nos habían
hablado mucho de la nueva pasante. Solo nos habían comentado que tenía un
master y que tenía una experiencia considerable en el área en el que laborábamos.
Llegó el día en el que Daniela se presentó al trabajo. Adrián
y yo esperábamos a una joven guapa y relajada, como todos lo desearían en
nuestro lugar. No fue del todo como lo esperábamos. Dani era una chica de
estatura pequeña, no media más de 1.55. No tenía un cuerpo muy esbelto, pero
tampoco era gorda. Se veía llegando ya casi a sus treintas. Entre veintiocho y
treinta se le vía tener. Aunque era algo difícil decir que edad realmente tenía,
ya que tenía una cara de niña. Cachetoncilla, ojos grandes, dientes un poco amarillentos,
pero derechos. Su primer día en la oficina fue un miércoles. Ese día se presentó
de manera algo fría con cada uno de los que formábamos parte de la compañía. O
por lo menos así yo lo percibí. No me dio una muy buena primera impresión. Ya
que la note un poco indiferente y seria. Cuando yo en su lugar hubiera sido más
carismática y abierta. Al día siguiente Dani se presentó con el área y charló
amplió y tendido con la encargada principal, Karina. Supongo que Karina le
platicó de manera general las actividades que iba estar realizando, y lo que se
esperaba de ella. Aunque cuando las vi charlar note que ambas reían de manera constante.
Supongo que habrán tenido alguna experiencia graciosa similar en común, la verdad
no tengo idea de que se pudieron haber reído tanto. Y mucho menos no sé cómo
Karina le pudo haber causado gracia algo dicho por una chica tan seria, como lo
percibía que era Daniela. La sentaron a dos lugares hacia la derecha, de donde
estaba mí lugar de trabajo. Ese día tuve
mi primera charla con ella. Se encontraba preparándose un café, cuando le dije
que el café era una de la pocas cosas buenas en este lugar. Se río, y
comenzamos a hablar de diversas cosas. Charlamos sobre de que parte de Bolivia
era, de porque había venido a México a trabajar. De cuál era su impresión hasta
ese momento de la Ciudad de México y de la empresa. Trate que sintiera que
podía encontrar en mí, confianza para hablar o para pedir ayuda en el trabajo.
Me agrado charlar con ella. De ese día en adelante nos hicimos cada vez más
cercanos.
Comenzamos a almorzar siempre juntos. También Adrián casi siempre
nos acompañaba. Charlábamos de casi todo. Desde chicas, chicos en su caso, trabajo, de la vida. De lo que nos venía en
mente platicábamos. Adrián, quien fue la primera persona con quien me comencé a
llevar en el trabajo, fue gradualmente reemplazado por Dani. No es que ya no platicara
con él, pero ahora platicaba más con Dani. Después de dos meses desde que Dani comenzó
a trabajar en la empresa, Adrián abandonó la compañía por cuestiones
personales. Por lo tanto a partir desde el día en que partió Adrián, sólo éramos
Dani y yo en la oficina. Conforme pasaban los días sin la presencia de Adrián,
por alguna razón mí convivencia con Daniela ya no era la misma. Entre más la
conocía, menos me caía. Ahora constantemente o se encontraba enferma o de un
humor cambiante. De vez en cuando le proponía salir a tomar una copa, y accedía
con menos facilidad. Y cuándo aceptaba mí invitación, pasábamos menos tiempo juntos.
Algo cambió, ya no era la misma para mí.
Tal vez fue que ya no me caía tan bien, porque la llegue a conocer más afondo.
No lo sé.
Cada día que pasaba en la oficina, extrañaba la compañía de
mí amigo Adrián. Quién nunca tuvo cambios de humor tan drásticos, o se enfermaba
tanto, como ahora lo hacía Daniela. Al final fui aceptando que la persona que estaba
conocido más a fondo, probablemente era la verdadera Daniela. Y que seguramente
no iba a cambiar. A pesar de todo lo malo que le veía ahora, me seguía
agradando algo, ya que seguía manteniendo lo que en un principio me gusto de
ella. Su simpatía, su soltura y su sabiduría de la vida. Daniela era una chica
que me llevaba siete años, y se notaba esa ventaja de experiencia en la vida,
cuando me hablaba de ciertas cosas. En las cuales yo era aún inmaduro en comparación
con ella. Por ejemplo escuche de ella, y se me quedo muy grabado. El aceptar
las cosas como vienen, y tratar de disfrutar de estas. A pesar que no siempre
resulten como lo esperas. De este tipo de cosas, que tal vez no suenen con
mucho sentido, aprendí de ella.
Después de ocho meses desde que Adrián abandonó la empresa,
ahora fui yo el que decidió dejarla. Ya
no me encontraba tan a gusto con las actividades con las que se me estaba
asignando. Ya no sentía el mismo grado de valía y consideración en la oficina,
como lo hacía en un principio. Y honestamente ya no estaba muy cómodo con la
gente de la compañía, a pesar de que ya me había adaptado a ellos. Así que un
viernes me despedí de Renda Fixa. Y me fui. Decidí mudarme de Ciudad, y fue ahí
donde comencé otra vida. Después de mí partida, seguí en contacto con Daniela.
Ella era la que me buscaba. Yo le respondía a lo que me escribía. A veces
inclusive, hablábamos por teléfono varias horas, aunque ya no nos veíamos. Un
día que me comento que iba a dejar la compañía, y que iba a regresar a Bolivia.
Está notica no me fue fácil de digerir, ya que en la Cuidad en la que en ese
entonces estaba viviendo, sólo me encontraba a un par de horas de la ciudad de
México. Bolivia se encontraba a muchas más horas de camino. No podía hacer nada
más que decirle que la iba a extrañar mucho, y que esperaba verla pronto. Y eso
fue lo que hice.
No fue hasta casi cinco años después desde la última vez que
no nos habíamos comunicado, cuando me hizo saber que iba a volver a México. Al
escuchar esto me alegre y me emocione mucho. Inclusive tal fue mí emoción que
le dije que yo la recogería en el aeropuerto. Y eso acordamos. Quedamos que yo
estaría el sábado 15 de Marzo en la terminal dos del Aeropuerto Benito Juárez
de la Ciudad de México a las 8:15 pm esperando por ella. Llegué a la Ciudad de
México el 14 de Marzo y pasé la noche en casa de mis padres, para que al día
siguiente fuera por Daniela al aeropuerto. El 15 de Marzo a las 10:05 de la
mañana por la noticias informaron que un avión procedente de la Ciudad de La
paz, Bolivia se había encendido en llamas antes de despegar. Que tras el
accidente habían perdido la vida casi la mitad de los pasajeros. Yo no podía
creer lo que estaba escuchando, y no tenía cien por ciento certeza que el avión
que sufrió el siniestro fuera el de mí amiga. No era posible. Daniela no se
podía morir, eso era algo que sólo sucede en las películas pensaba. Al escuchar
más detenidamente la noticia, el número de vuelo del que era el avión incendiado,
era el mismo que el de Daniela. No podía creer lo que estaba escuchando. Era
realidad, lo que pensé que no era posible. Investigue por otros medidos las
bajas que hubo tras el accidente, y me enteré que entre los muertos se
encontraba el nombre de una Daniela Hoyos de nacionalidad Boliviana. Me
desplomé al saber esto. Comencé a gritar de frustración y después de haberme casi
quedado sin voz, comencé a llorar y sólo pare hasta que mis padres llegaron a
la cocina preguntándome que había sucedido. Hoy han pasado tres meses desde su
fallecimiento y sigo extrañando el comunicarme con ella. Nunca creí que me iba
a doler tanto la muerte de una chica que conocí hace seis años, pero realmente
me hace falta.
Te sigo extrañando mucho Dani, me pesa mucho que
ya no estés. Siempre serás una gran amiga. Te quiero.
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