La dulzura de su voz

El tiempo había arrastrado su rostro, las penas se habían disuelto con el tiempo, pero las experiencias le perseguían. Fernanda ahora perdía el oído y si no tenia un implante coclear, jamás volvería a oír; jamás escucharía la voz de barítono que alguna vez la enamoró cuando eran jóvenes.
Ella apagaba su aparato auditivo y tomaba media pastilla de clonazepam para poder dormir. El doctor alistaba su consentimiento médico, pero no estaba seguro. En el viento se podía apreciar un poco de inseguridad con respecto al resultado, pero ambos se encomendaban a la suerte que se merecían.
Fernanda recordaba la noche en que Mario le cantó la llorona en sus bodas de plata y tenía ya en mente pedirla cuando pudiera oír otra vez, puesto que ahora, apenas podía identificar una melodía y apenas podía hacer imagen del timbre de su esposo en el pensamiento.
El sueño acariciaba sus ojos, la duda su alma. Mario le peinaba el cabello con un par de dedos y ella reposaba sus sienes sobre la almohada para tocar un sueño con sabor a pasado.

- buenas noches - dijo su amado.
Y por fin cerró sus ojos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corriendo

Edmond en Oblí

Angelo's