Realidad dormitada
Diego estaba tumbado en su cama. El control de la televisión resbalaba en la palma de su mano.— He aquí la persecución que se efectuó ayer por la tarde.—Decía el periodista en la pantalla mientras se veía una toma aérea de una patrulla tras un coche. En el subconsciente de Diego ya se armaba el teatro de sus sueños, esperándolo. El director gritó acción. Ahora Diego estaba en su carro, escuchando el radio y veía dos carros pasar velozmente frente a él. Sin siquiera notarlo, ahora era policía. Aceleró apresurado. Su carro y el del ladrón iban lado a lado. — Fue así como los asaltantes fueron atrapados.— Decían en el radio. El ladrón disparaba y el control de la televisión caía haciendo ruido. Diego despertó súbitamente.— Hasta aquí mi reporte, Joaquín,— Decía el periodista de la televisión.
Me encantó el final, me hizo reír.
ResponderEliminarInstantes de la vida, me encantó el control que resbala de la palma de la mano, son micro momentos tan cotidianos e identificables!
ResponderEliminar¡Qué bien que escribiste desde casa, celebro y agradezco tu avidez!