Ultima oportunidad.
La moneda giraba en el aire por segunda vez cuando una mano la atrapó antes de que ella pudiera impedirlo. Eso le molestaba tanto, siempre la molestaba diciéndole “la niña de las monedas” en realidad solo era una, pero para ellos daba igual, porque para ellos todas las monedas eran igual, creían que era la moneda que le habían dado de cambió esa mañana en la compra su desayuno, pero era mucho más que eso, y ultimadamente, ella que tendría que andar dando explicaciones sobre su comportamiento, si era la moneda que se habia encontrado en el metro por la mañana, si la habían pisado millones de personas, escupido y ensuciado que les importaba a ellos si a ella le gustaba.
Corrió a perseguir al capturador de su moneda, cuando llego estaba reunido con otro grupo de chicos, no se la querían pero no necesitaba pedir permisos, no era de esas niñas, después de la muerte de madre, su papá le habia enseñado defensa personal, ella había aprendido demasiado bien, torció el brazo de uno de ellos, y golpeó en el estómago a otro, así pudo recuperar su moneda.
Era la niña nueva y todos los niños de la escuela parecían haberla tomado en su contra, ella tampoco ayudaba mucho, no le agradaba hablar con personas, no eran tan interesantes como los libros que le leía su papá antes de dormir cuando era pequeña, ahora era 3 años mayor que entonces, tenia 11, lo suficiente mayor para poder dormir sin cuentos, para saber que en la vida no se puede esperar el final feliz de último momento y las cosas no son para siempre.
En clase de matemáticas no podía con el aburrimiento, la mayoría de cosas ella ya las habia resultó mentalmente antes que la maestra terminar de explicar, sacó la moneda, para tenerla entre sus dedos y jugar un rato, más por costumbre que tuviera alguna razón, la observó y despues de un rato se dió cuenta que su moneda no era esa, es verdad, se parecía a muchas, podría pasar por una moderna más, esa aún seguía en circulación, pero su monera era del 2010, la que tenia entre sus dedos era del 2007, un pequeño detalle insignificante, nadie lo habría notado, porque en realidad nadie ve el año del que estan hechas las monedas con las que pagan, pero ella sabía el año, lo sabía porque había pasado mucho tiempo esa moneda la noche que su madre murió.
Era una noche lluviosa, el ambiente se sentía triste, una clase de tristeza combinanada con angustia, incluso el aire parecía ir más lento y pesadamente que otras noches y que el cielo se había oscurecido un un tono gris a propósito. La habían dejado con su abuela por que “una niña de 8 no podía estar en la habiatación de su madre moribunda, solo la alteraría y haría ruido”, así que la abuela fue por ella y se la llevó, había sido la abuela porque era la segunda persona con menos voto en la casa, así había notado Ana que era siempre, primero ella, luego la abuela, y los adultos mayores se quedaban en sus asuntos sin decirles nada. Estaban a punto de dar las 10, sintió una opresión en el pecho, como si algo malo estuviera apunto de ocurrir, como si fuera su ultima oportunidad para algo y después nada, se logró escapar de su abuela, corrió hasta la estación y comprar un pasaje a su casa, conocía el camino, lo había observado muchas veces antes, pero no tenía dinero, la voz de madre resonó en su cabeza “¿tienes todo para irnos, Ana?. Checa una vez más” ella siempre le decía que una mujer prevenida era muy valiosa, podría salvarla de muchas, así que siempre habían cosas que debía llevar con ella, un suéter ligero, un papel con su dirección y nombre anotado, y un billete de alta denominación por si salía algún plan, y una moneda de baja por si tenia que usuar un teléfono o necesitaba transporte. Y ahí estaba necestiando transporte, el día que su madre había estado demasiado a dolorida para que ella la viera, y no le había recordado tomar sus cosas, lo tenia todo, en su mesita de noche, listo para guardar en su bolsa del pantalón, pero no lo hizo, no tenía una moneda, y no tenía manera de llegar a ver a su mamá. Era demasiado pequeña, decidió que lo mejor sería volver con su abuela antes de que todos comenzaran a buscarla, a lo mejor aún era tiempo. Volvió a casa de la abuela caminado, el camino se hizo más largo de regreso, probablemente por que esta vez lo recorrió sin esperanzas. Al llegar su padre estaba ahí, la abrazó y la llevó a su casa, su madre acababa de morir y ella no había podido decirle adiós. Siempre llevaba consigo las cosas que su madre le recomendaba en vida, pero la moneda que no llevo esa noche, algo le impedía darla a cualquier persona, no puedo ni siquiera para comprar un chocolate, en vez había esperado hasta el día siguiente, claro conocía bien la moneda, estaba en su escritorio justo cuando llego, nadie la había movido de ahí y ahora la tenía siempre como una especie de símbolo, como amuleto.
Terminando la clase Ana se acercó al niño y le hizo una llave en el brazo para que le devolviese su moneda, el niño no sabia de que hablaba, todas eran iguales, al final para que lo dejará le dió todas sus monedas, pero Ana solo quería la suya, las demás las dejó en el suelo.
Corrió a perseguir al capturador de su moneda, cuando llego estaba reunido con otro grupo de chicos, no se la querían pero no necesitaba pedir permisos, no era de esas niñas, después de la muerte de madre, su papá le habia enseñado defensa personal, ella había aprendido demasiado bien, torció el brazo de uno de ellos, y golpeó en el estómago a otro, así pudo recuperar su moneda.
Era la niña nueva y todos los niños de la escuela parecían haberla tomado en su contra, ella tampoco ayudaba mucho, no le agradaba hablar con personas, no eran tan interesantes como los libros que le leía su papá antes de dormir cuando era pequeña, ahora era 3 años mayor que entonces, tenia 11, lo suficiente mayor para poder dormir sin cuentos, para saber que en la vida no se puede esperar el final feliz de último momento y las cosas no son para siempre.
En clase de matemáticas no podía con el aburrimiento, la mayoría de cosas ella ya las habia resultó mentalmente antes que la maestra terminar de explicar, sacó la moneda, para tenerla entre sus dedos y jugar un rato, más por costumbre que tuviera alguna razón, la observó y despues de un rato se dió cuenta que su moneda no era esa, es verdad, se parecía a muchas, podría pasar por una moderna más, esa aún seguía en circulación, pero su monera era del 2010, la que tenia entre sus dedos era del 2007, un pequeño detalle insignificante, nadie lo habría notado, porque en realidad nadie ve el año del que estan hechas las monedas con las que pagan, pero ella sabía el año, lo sabía porque había pasado mucho tiempo esa moneda la noche que su madre murió.
Era una noche lluviosa, el ambiente se sentía triste, una clase de tristeza combinanada con angustia, incluso el aire parecía ir más lento y pesadamente que otras noches y que el cielo se había oscurecido un un tono gris a propósito. La habían dejado con su abuela por que “una niña de 8 no podía estar en la habiatación de su madre moribunda, solo la alteraría y haría ruido”, así que la abuela fue por ella y se la llevó, había sido la abuela porque era la segunda persona con menos voto en la casa, así había notado Ana que era siempre, primero ella, luego la abuela, y los adultos mayores se quedaban en sus asuntos sin decirles nada. Estaban a punto de dar las 10, sintió una opresión en el pecho, como si algo malo estuviera apunto de ocurrir, como si fuera su ultima oportunidad para algo y después nada, se logró escapar de su abuela, corrió hasta la estación y comprar un pasaje a su casa, conocía el camino, lo había observado muchas veces antes, pero no tenía dinero, la voz de madre resonó en su cabeza “¿tienes todo para irnos, Ana?. Checa una vez más” ella siempre le decía que una mujer prevenida era muy valiosa, podría salvarla de muchas, así que siempre habían cosas que debía llevar con ella, un suéter ligero, un papel con su dirección y nombre anotado, y un billete de alta denominación por si salía algún plan, y una moneda de baja por si tenia que usuar un teléfono o necesitaba transporte. Y ahí estaba necestiando transporte, el día que su madre había estado demasiado a dolorida para que ella la viera, y no le había recordado tomar sus cosas, lo tenia todo, en su mesita de noche, listo para guardar en su bolsa del pantalón, pero no lo hizo, no tenía una moneda, y no tenía manera de llegar a ver a su mamá. Era demasiado pequeña, decidió que lo mejor sería volver con su abuela antes de que todos comenzaran a buscarla, a lo mejor aún era tiempo. Volvió a casa de la abuela caminado, el camino se hizo más largo de regreso, probablemente por que esta vez lo recorrió sin esperanzas. Al llegar su padre estaba ahí, la abrazó y la llevó a su casa, su madre acababa de morir y ella no había podido decirle adiós. Siempre llevaba consigo las cosas que su madre le recomendaba en vida, pero la moneda que no llevo esa noche, algo le impedía darla a cualquier persona, no puedo ni siquiera para comprar un chocolate, en vez había esperado hasta el día siguiente, claro conocía bien la moneda, estaba en su escritorio justo cuando llego, nadie la había movido de ahí y ahora la tenía siempre como una especie de símbolo, como amuleto.
Terminando la clase Ana se acercó al niño y le hizo una llave en el brazo para que le devolviese su moneda, el niño no sabia de que hablaba, todas eran iguales, al final para que lo dejará le dió todas sus monedas, pero Ana solo quería la suya, las demás las dejó en el suelo.
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