Ya no sigue tan adolorido, pero en su momento le dolió demasiado. Tal
fue su dolor que aún recordarlo, le es costoso. No la ve como una mujer que le
brindo mucho, sino más bien, como alguien que solo la ilusiono, y que le hizo
sufrir. La recuerda como alguien con quien puedo haber sido su primera novia.
La recuerda. Y le duele. Le duele, porque ella prefirió a un amigo suyo,
en vez que a él. La recuerda, y aún le duele. La recuerda, y cuando la recuerda
el sabe que hizo lo mejor que puedo con ella. Y que él no se equivocó mucho con
ella. Sino más bien fue la insensibilidad de ella, quien llevo todo a un fin.
Le duele. Y ha intentado buscar otras mujeres, pero ninguna aparentemente
resulta salir como lo espera. Encontrar a alguien parece algo que no se va a dar.
O así parece serlo, después de mirar cuanto se esfuerza por encontrar a
alguien, y solo decepciones son las que al final recibe. Pobre . Ha tratado
mucho, aprendido mucho seguramente. Pero aún nadie aparece. Pero el sigue
optimista de que sí se dará. Que encontrará a alguien. ¿por qué esa obsesión de
encontrar a alguien? Todos la llegamos a tener. O la mayoría de nosotros, creo.
Creo que ese alguien eventualmente de forma circunstancial aparecerá. Pero de
otra manera, sí uno se propone encontrar a alguien de manera más forzada,
pienso que lo más probable es que uno se encuentre con decepciones. Pareciera
mí amigo que fue hace poco que sucedió lo de ella. Pero hasta hace poco me la
recordaste, y me hiciste reflexionar sobre ese alguien que tanto tú, como yo
desearíamos encontrar. ¿Aparecerá?. Soy optimista que tal vez, sí. Esperemos
por lo mejor. Pablo se ha vuelto a encontrar con esta niña. Ya no le duele
tanto verla. La última vez que la vio fue como sí ella fuera un recuerdo
lejano, como alguien ya ajena a él. Un persona que le hizo pasar por mucho en
su momento, pero que ahora ya no sentía más por ella. Ni rencor, ni
agradecimiento. Ahora solo era una chica más con quien no habían resultado las
cosas. Esa sensación de aceptación hacia lo que sucedió con ella, le causó una
tranquilidad muy grande, ya que en meses pasados ella le parecía una sombra
inmensa. Ahora era todo distinto al estar en presencia suya. Esa misma noche
Pablo se encontraba en un antro en el centro de la ciudad. En ese antro él
había tenido una experiencia algo embarazosa con una niña con la que llego a
salir, y con la que igualmente, se ilusiono mucho en poder llegar a tener algo
serio. Esa noche junto con un amigo suyo, Pablo estaba dispuesto a conocer a
alguien. A pesar de todos los amargos desenlaces que había tenido con las niñas
con que había salido. Esa noche no conoció a nadie. Su amigo y el bebieron de
la barra, bromearon, planearon en hablarle a un grupo de niñas que se
encontraban a lado suyo, que al final se fueron con un grupo de chicos que
tenían una mesa con varias botellas. Al final de la noche Pablo no hablo con
ninguna chica. Pasó el uber por el, y en el úber le sucedió algo que no había
experimentado antes. Sintió que ya no le era indispensable conocer a alguien.
Se sintió liberado de esa atadura de tener que encontrar a alguien para
sentirse autorrealizado en cierta escala. En ese trayecto hacia su casa
se dio cuenta de la energía que disponía en buscar a una chica y en olvidarse
de ellas, después de que las cosas no salían bien. Sintió una paz que nunca
había sentido con respeto a este tema, ya que siempre que no resultaba que su
noche fuera cercana a como el planeaba, se frustraba mucho. Y cuando más
resentía está frustración era justo en el trayecto rumbo a su casa. Está noche
fue distinta. Pareciera que su interior se hubiera hartado de sentirse víctima
de sentir que cada noche que no resultara como el planeaba, fuera una noche
fallida. En esa noche Pablo se dio cuenta que no todo son mujeres, que una
noche en el antro puede ser muy agradable sin tener que besar a una niña, o después
de conseguir el número de otra. Pareciera que está afirmación la sabia, pero no
la comprendió realmente hasta esa noche.
Corriendo
Acallados por la lluvia, sus pasos salpicaban más y más la parte inferior de su pantalón de mezclilla. La interminable calle apenas era iluminada por una infinidad de faroles. Los locales, inidentificables por la tormenta, se amalgamaban el uno con otro, mas aun así logrando una lógica efímera. Seguía con paso firme y un poco tenso por el pasillo interminable. La figura sentía el golpeteo de la lluvia a sus hombros, con gotas tan certeras como cuchillas caídas del cielo. El camino no siempre había sido así, ó al menos es lo que la figura podría divagar en su ser. Un tiempo fue un bosque, un tiempo fue un pueblo, un tiempo fue un desierto, y un tiempo fue un rio. Siempre hubo cambio y el camino. Pero entre la neblina de su memoria, algo pasó. Un cambio paulatino, pero violento y abrupto a la vez. El sol no había salido desde donde podía recordar. En algún momento estaba presente, dando claridad a todo, pero pudo haber sido un sueño, si es que alguna vez tuvo uno. ...
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