Dulce deleite
Saúl vio con un pesado deleite al dulce. Lo acercó a su nariz y lo olfateó, se le hizo agua la boca, no lo recordaba tan placentero. Se lamió los labios y su panza empezó a suplicarle.
Los ojos de un niño lo observaron fijamente, esperando.
El dulce empezó a temblar entre los dedos de Saúl, quien a su vez, cerraba los ojos y apretaba el puño de la otra mano. El brazo de Saúl empezó a estirarse hacia el niño y sin más, dejó caer el dulce. Saúl tomó un respiro hondo y liberó la fuerza de su puño. Todo su cuerpo tembló y al abrir los ojos, vio la cara del niño, sonriendo sinceramente.
Saúl señaló a unos niños que tomaban agua directamente del cielo. Volteó a ver al niño con el dulce, se tapó la boca con el dedo índice, pidiendo silencio y le regresó la sonrisa. El niño, con el dulce en la mano, se retiró felizmente.
Una mujer se le acercó por detrás a Saúl y le tocó el hombro. Él, riendo, le acarició la mano a la mujer, mientras veía al niño repartir el dulce a los niños en la lluvia.
“Se suponía que ese dulce era para celebrar. Tenía planeado escaparnos hoy de aquí, tú y yo.” Le dijo Saúl a su mujer en los campos de concentración.
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