Hace una semana Gerard se encontraba leyendo el New York Times, en la comodidad de su apartamento en West Village, Nueva York, hasta que recibió una llamada diciendo que él tenía una deuda pendiente y que pronto pagaría por ella. En cuanto escuchó esto colgó inmediatamente y maldijo al teléfono. ¿Qué era lo que significaba ese mensaje tan inoportuno? Se preguntó momentos después de haber acabado con esa conversación. Al no poder pensar en alguien con quien hubiera tenido una disputa reciente, decidió ignorar aquella intimidación y siguió con su día. 

Se dirigió hacia el banco para hacer un pago. Y posteriormente regresó a su residencia. Cuando se encontraba en la última escalera antes de llegar a su piso, divisó que había un papel pegado en su puerta. Se acercó rápidamente hacia este, cogió la hoja y leyó lo que decía: “cuidate”. La mantuvo sobre su manos un par de segundos con perplejidad, después la hizo bola con brusquedad y la metió en uno de sus bolsillos. ¿a qué se referiría aquel mensaje con carácter amenazador? Se preguntó con cierta preocupación. Estaba todo demasiado extraño ese día. Primero la llamada, y ahora eso. - ¿Qué más falta?- se dijo así mismo. 

Entró a su pequeño estudió y ahí encontró a su querida Alice, tan hermosa como siempre, estaba recostada en el sillón de la sala leyendo cómodamente una revista de modas. Se le podía apreciar como su rubio cabello resplandecía por los rayos del atardecer provenientes de la terraza que estaba frente a la sala. Y sus ojos, sus bellos ojos azules claros, en los cuales se le podían ver un poco el reflejo de los suntuosos vestidos que estaba hojeando de aquella publicación. Se encontraba tan tranquila pasando las páginas con sus finas y delicadas manos. Que sintió ternura de apreciarla de esa manera y halló paz al verla. 

Gerard amaba profundamente a Alice. Se habían casado tan solo hace cuatro años, pero desde el día que contrajeron nupcias vivían una vida que mucha gente podría considerar como afortunada y envidiable por lo felices que se le veía juntos. No había día que pasará sin que Gerard le marcara por lo menos tres veces para saber cómo iba su día, o simplemente para charlar un poco. Él estaba seguro que se había casado con el amor de su vida, y que sí a este le sucedía algo, él se vería fuertemente afectado. Al entrar, Gerard preguntó a su esposa como había sido su día. Ella contesto que todo marchaba bien. Preguntó sí algo nuevo le había sucedido durante el transcurso de esa jornada. Ella dijo que nada distinto a lo usual. Gerard se quedó tranquilo con esa respuesta, porque su mujer no se encontró con las eventualidades que a él se le habían presentado. Decidió contarle lo que le había pasado. Ella al escuchar lo raro que sonaba lo que le contaba su marido. Le dijo que estaba segura que se trataba de una broma pesada, y que se despreocupara por ello. Él al escuchar la recomendación de Alice, se tranquilizó y posteriormente decidió irse al tomar un baño para después dormir. 

Ya en cama, Gerard no hallaba concebir sueño. Y después de pasar horas pensando en esos dos extraños sucesos, que aunque sabía que eran cosa de no tomar en serio, por alguna razón le angustiaban. Esa noche, ya en la madrugada cuando ya estaba por dormirse, comenzó a escuchar un goteo que seguramente provenía del lavabo de la cocina. Al percibir varias veces ese molesto ruido, Gerard se dirigió hacia donde pensaba que estaba aquel chorreo de agua. Cuando llegó al comedor se percató que las sillas de madera de la mesa rectangular con base de vidrio estaban desacomodadas, cosa sumamente inusual, ya que siempre se encontraban bien alineadas. Seguidamente ingresó en la cocina que sólo por el reflejo del liso piso de cerámica color verdoso que vislumbraba por el reflejo de la luna llena de esa noche, se iluminaba un poco el oscuro cuarto. Se escuchaba un silencio aterrador. Todo estaba inmóvil, pero se sentía la presencia de alguien. No había un olor dominante que pudiera delatar la asistencia de algún posible intruso. Repentinamente de un lado del refrigerador se percibió un movimiento brusco que se dirigía hacia la cabeza de Gerard. Este era una bate que estalló violentamente en la cien del pobre hombre, que segundos después yacía en el piso ensangrentado de la cabeza. 

Ante el fuerte golpe Alice se despertó aturdida y se dio vuelta para el lado de su cónyuge, pero este no se encontraba ahí. Así que cautelosamente se dirigió con miedo hacia donde creía haber escuchado el impetuoso impacto. Cuando llegó hacia la sala vio un chorro de un líquido espeso correr en línea recta. Inmediatamente vio el cuerpo de Gerard tendido en el piso. Está se tiró sobre de este y comenzó a gritar desesperadamente por ayuda. Prendió la luz y después de no recibir respuesta alguna, llamó al novecientos once y pidió por una ambulancia de inmediato. 

Al estar esperando con impaciencia a la policía y médicos se percató que la puerta del recibidor se encontraba abierta y debajo de esta había un sobre. Era una carta. Alice la abrió y la leyó rápidamente. Decía lo siguiente: Por su culpa se fue la persona más apreciada por mí. Con la muerte de tu marido estamos parcialmente a mano, tienes suerte de que no fuiste tú la víctima. Tal vez pueda que lo seas pronto, sí es que no hallo tranquilidad después de su muerte. Yo que tú, estaría alerta. Momentos después llegaron tres oficiales y un par de médicos. Los doctores revisaron a Gerard, después de checarle el pulso y evaluar las heridas, lo dieron por muerto. Alice no sabía cómo reaccionar, por un lado a se sentía desgarrada e inconsolable por el asesinato de su amado, y por otro se hallaba con un sentimiento secundario de terror por la posibilidad de ella ser la próxima víctima. Los agentes le pidieron que la acompañaran a la comisaria y posteriormente fue interrogada. 

Días después se descartó su sospecha de ser la asesina de sus difunta pareja. Alice acabo en un hospital psiquiátrico y no ha salido desde entonces. Todas las noches desde aquella vez, imagina un charco de sangre correr por debajo de la puerta de su cuarto y suele no dormir mucho por temor a que él, algún día trate de tomar su vida como la de su marido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corriendo

Edmond en Oblí

Angelo's