Incondicional


Estaba destrozado, jamás pensó que las cosas terminarían así. Puede que apenas tuviese 7 años, pero la herida que le causó aquella niña de 8 jamás se le iba a olvidar.
Chema regresó triste de la escuela, no le importaba el fútbol ni tampoco que ya era viernes, lo único que le importaba era Cristi; sus ojos azules y sus trencitas doradas. ¡Oh, Cristi! ¿Cuántas veces había jugado con ella en los recreos? ¡Cuántas veces él le había regalado su sándwich! Y todo para que ella no lo apreciara. Ella había preferido a Mateo, aquél bravucón de tercero que molestaba a todos sus amigos. Chema lo odiaba; lo odiaba por quitarles el balón, por robarles sus colores y, en especial, a su chica.
Ahora no le quedaba más que regresar a casa con la rosa que le había robado al rosal de su mamá. Tenía el corazón roto, primero de muchos, pero eso él no lo sabía. No quiso comer, se fue directo a su cuarto y se tiró en la cama. “Cristi es una tonta” trató de convencerse, pero no podía sacara de su cabeza.
Después de un par de minutos de aislamiento, su mamá entró al cuarto y se sentó a su lado. Le explicó cómo funcionaba el amor, bueno, al menos eso trató. El amor era algo muy complejo para explicárselo a un niño de 7 años; era algo que ella misma lo lograba comprender del todo.
-Ya verás que hay más niñas- le decía con ternura mientras le acariciaba su pequeña cabecita.
Chema no se imaginaba a nadie más que a Cristi, ella era la mejor niña que podía existir, ¡jugaba fútbol!
Pasaron los días y no podía siquiera mirarla. Mateo casi nunca estaba con ella, pero cuando la saludaba en los recreos, la cara de Chema ardía y su estómago se sentía como si recibiera un balonazo. Una tarde, Mateo y Cristi comieron su almuerzo juntos; ella le dio su bolsa de papitas y eso enfureció a Chema. ¡A él nunca le había regalado la bolsa entera!
Al salir de clases, él se fue a casa pateando una botella de plástico que se había encontrado. La pateaba con rencor, como si se tratase de la cara gorda y fea de Mateo. La pateó con tanta fuerza que salió volando a varios metros de distancia. En eso, una bola de pelos grisáceos salió de un rincón y se abalanzó sobre la botella. Con gruñidos feroces la aprisionó entre sus fauces. Chema estaba asustado, aquella criatura enorme se encontraba frente a él. En eso, se acostó a sus pies y soltó la botella. Meneó su cola y sus orejas se hicieron para atrás en señal de paz.
Chema tomó la botella con temor y la lanzó lo más lejos que pudo. Corrió al lado contrario de donde la había arrojado y trató de huir. En cuestión de segundos había sido alcanzado. No le quedaba escapatoria. Ambos cruzaron miradas por unos segundos. Volvió a soltar la botella a sus pies y Chema repitió lo anterior. La cosa corrió tras ella y se la regresó nuevamente al pequeño. Chema se dio cuenta que aquella criatura también buscaba con quién jugar, a quién darle cariño y alguien que le compartiera de su sándwich.
¿Quién necesita una novia cuando se tiene un perro?






Lugar: Baño
Elementos: rosa, perro

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