Nuestra pauta pt 2


Flotaba tranquilamente en el aire. Del tamaño de un edificio, pero tan ligero que podía soportar a los 6 tripulantes en su pequeña cabina. El cielo era pacífico, pero los tripulantes esperaban una señal.
Volaban sin rumbo, solo esperando al águila que los guiara o algún cántico que les guiase o señalara tierra firme. La calma era tal que los tripulantes podían escuchar el cantar del viento. Llevaban días volando, ya no sabían a dónde ir. Su capitán había fallecido, llevándose el mapa en su memoria. Si tan sólo supieran cómo poder hablar con las sirenas. Sus cantos de un idioma que parecían silbidos resonaban todas las noches en el mar.
“La extraño, ¿saben? A veces sueño con ella, aun a tantos años de haber comenzado la misión… Ni siquiera me despedí en aquella ocasión”.
Pero nadie lo escuchaba. EL idioma en el que hablaba era uno que ningún otro tripulante entendía. Pero las sirenas, esas bellas y también hipnóticas danzantes podían entenderlo.
Después de un tiempo ideando un plan para poder hablar con las sirenas y que fuera seguro, se me ocurrió que la forma más fácil, pero no tenía lo necesario, me faltaba pureza y ganas de vivir, extrañar es una mancha que difícilmente se quita y con ella, las sirenas jamás me iban a escuchar, aun así, proseguí a intentar comunicarme con ellas. A mi sorpresa, todas me miraban con mucha atención. Al terminar de contarles mi historia, una de ellas se acercó a mí y me sujeto la mano para mostrarme el océano sin fin a través de la ventana. Intuí que la sirena quería que saltara con ellas y así pudieran ir a casa. En este vuelo a ninguna parte parecía la única opción; y quien sabe, quizás en el mar dejaría de extrañarla.

Comentarios

  1. Muchachos, qué maravilla. De nuevo sus estilos de hilvanaron en un precioso y lírico tamiz. Orgullosísima.

    El único punto de mejora sería no cambiar el narrador a primera persona, allí hubo extrañeza, de resto solo fluidez y belleza.

    Muy buen aporte quien sea que pensó en la añoranza como una mancha, excelente recurso.
    Muy bellas las sirenas con sus silbidos, sus miradas ávidas, su invitación y sus posibilidades de olvido y redención.

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