La caída
Juan, un tipo soñador, pero a la vez aterrizado, se encontraba sentado en un banca dentro del hospital español, en Polanco. Estaba haciendo su pauta semanal de su curso de creación Literaria. La temática de esa semana era “ lo inimaginable”. Juan, cuál tipo comprometido con sus tareas, se le podía notar escribiendo en un cuaderno una lista de ideas sobre el tema que se le había asignado. Era muy gracioso verlo rascarse la cabeza, tratando de hallar un tópico que valiera la pena redactar. ¿de qué escribiré? Se repetía Juan en su cabeza. Ya lo sé. Comenzaré con está frase, se dijo. “Pareciera que todo era muy difuso en ese momento para él, ya no solía ser el de antes, pero ahora estaba decidido a que las cosas cambiarían”. Sergio Fernández de la Hoya, reconocido cardiólogo y amante de las armas, se encontraba… Juan a su estilo muy característico, descriptivo y poético, terminó con el borrador de su obra. Cogió su casco y bata que se encontraba a un lado suyo y se dirigió hacia su bicicleta, era hora de regresar a la universidad. “creo que no va tan mal, se dijo en su cabezo cuando este se montaba en su bici.
A pesar de que había tanto tráfico ese jueves por la tarde, él andaba tranquilo, divisando con gozo los edificios que se encontraba a su paso. Ya muy cerca del metro, Juan no divisó un tope y se fue de boca hacia el concreto, seguramente porque se hallaba pensando en cómo mejorar su pauta. Inmediatamente una señora fue hacia Juan para asistirlo. ¿Está bien güerito?, tenga cuidado, dijo la señora. Sí, estoy bien, no fue nada jaja, contestó adolorido. Juan realmente se encontraba con sufrimiento, en especial en el brazo derecho, que amortiguo gran parte del impacto. Le costaba mucho mover la extremidad, así que llamó a su madre para que lo recogiera. No se preocupe señora, ya no tardan en venir por mí, no se tiene que quedar más, se lo gradezco mucho, dijo a la amable mujer. Bueno, cuídese mucho güerito, dijo y luego se marchó. Después de un rato, llegó la Sra. Abascal para asistir a su hijo. ¿Qué te ha pasado Juan? ¿estás bien?. Que ya te he dicho que he pasado por alto un tope y me he caído de la bici madre, estoy bien, sólo me duele el brazo, creo que me lo he esguinzado, contestó algo irritado. Ayyy Juan, bueno vamos a la casa a ponerte hielo y después al médico, dijo su madre. Vale, contestó él. “todo haya sido por haber pensado en un mejor final para la pauta”, se dijo con cierto orgullo al subir con dificultad a la camioneta de su mamá.
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