No todo se trata sobre jugar con tazas
Era la tarde y Luis estaba en su cuarto, supuestamente haciendo tarea, con la música a reventar los vidrios, por supuesto. Sus pies se estrellaban con el suelo, moviéndose sin importarle el exterior. Su torso y hombros se movían rítmicamente mientras sus chasquidos le daban compás y ocasionalmente con su puño cerca de la boca, pretendiendo cantar con un micrófono.
“¡Luis!” Gritaba su mamá desde las escaleras. “¡Luis!” Siguió gritando pero los golpes en el suelo y la música no cesaban.
Su papá se quedaba sentado indiferente en el comedor, esperando, mientras movía su dedo en la pantalla del celular. Cansada de gritar, Mildred, partió de las escaleras y se dirigió al comedor.
“Me choca, nunca escucha.” Dijo Mildred.
Su marido finalmente levantó la mirada del celular, confundido, tratando de descifrar lo que acababa de decir su mujer. Abrió la boca pero dudó. “Y… ¿qué piensas hacer?”
Mildred se reclinó en la pared y sacó su celular. “Le voy a llamar.” Tras intentos inútiles y con la música aún resonando, Mildred dejó su celular. “¿Tú puedes subir por él? No contesta.”
Su marido no respondió, siguió viendo el celular, torció los labios, tomó un respiro de cansancio, apagó su celular y levantó la mirada. Con desdén y sin decir nada subió las escaleras. Sin siquiera tocar, abrió la puerta del cuarto de Luis.
“¡Papá!” Dijo Luis. Se le acercó rápidamente a su papá y lo abrazó. “Escucha.” Y Luis siguió bailando al ritmo de la música. “Está buena, ¿no?”
“Que bajes a comer. Te estamos esperando y ya es tarde, me tengo que ir. Córrele.” Dijo su papá y se fue sin más.
Luis reaccionó y apagó la música. Bajó lo más rápido que pudo pero apenas iba bajando su papá ya tenía su portafolio en la mano y abría la puerta de la casa. “Papá, ¿ya te vas?”
“Ya se me hizo muy tarde. Tengo que regresar al trabajo.” Le respondió su papá.
“¿Pero sin comer?” Dijo Luis esperando estar un rato con su papá pero él en cambio simplemente levantó los hombros y se dispuso a irse. “Tal vez deberías frenar algunas veces. Parece que no aprendiste en la cita con mi mamá cuando eran novios. Si tan sólo te hubieras detenido un momento a pensar habrías podido estar con ella. Si tan sólo te frenaras ahora por ella. Pero siempre lo arruinas.”
“No todo se trata sobre jugar con tazas, entiéndelo, Luis.” Dijo su papá apenas haciéndole caso. No quería recordar esa vez que quedó como un tonto irresponsable con su ahora esposa, ni siquiera sabía por qué le había contado esa anécdota a su hijo, simplemente salió de la casa y se encaminó al trabajo.
Al salir, un anuncio pegado en su puerta. Lo empezó a leer angustiado y al darse cuenta de lo que decía, lo arrancó furioso.
Con el anuncio en su puerta, la empresa cayéndose a pedazos, todas las líneas de crédito usadas y los reproches de su hijo, el día transcurrió pesadamente. No obstante debía admitir que lo que le había dicho Luis, lo había dejado pensando. ¿Realmente valoraba a su esposa? ¿Le daba su tiempo? Al salir ya noche del trabajo una tremenda tormenta cayó del cielo.
Corría bajo la lluvia, tan agitado que se escuchaba el golpeteo de los charcos a cada paso, paso solitario y bajo la lluvia, con el aviso de embargo en la mano, mirando al piso para evitar el fuerte viento y sin paraguas, porque el miserable no puede andar abrió bajo la lluvia precavido.
Esa noche ella se fue, se quedó sin ella y sin ella fue nada.
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