Príncipe azul

Había una vez, en algún lugar de por aquí, un joven que era como un príncipe de cualquier cuento. Los primeros años de su vida los pasó siendo muy feliz, sin tener grandes responsabilidades, viviendo el día; pero un día su madre enfermó y a pesar de todo el tiempo que pasó con ella, cuando murió se quedo con un enorme vacío. Ahora eran él y su papá solamente, no era que no lo quisiera, simplemente no había pasado el suficiente tiempo con él, y en el funeral se presentó de la misma manera de siempre, como un hombre duro, serio y sereno, cuando comenzó a llorar lo reprendio y le dijo que tenía que guardar cierta imagen ante la sociedad. 
Con los años ese príncipe creció y se volvió un hombre un tanto parecido a su padre, con los valores que le había inculcado, era honorable, valiente pero sobre todo era fuerte, su vida iba algo estable hasta el día que su padre murió, familiarizado con la muerte de alguien cercano a él lo sobrellevó lo más fríamente posible. Fue ahí, entre toda esa frialdad que conoció a Andrea, una guapa mujer alta, rubia, de ojos verdes, no, no era una princesa, de hecho no estaba ni cerca de pertenecer a ese mundo, pero a nuestro príncipe no le importó, en parte por que en verdad no le veía importancia y en parte por que no lo lograba notar. Y es justo ahí donde comienza nuestra historia, con las batallas que este príncipe, como todo buen caballero tuvó que librar.

Primera batalla
 La primera vez que vió a Andrea le pareció que era la mujer más bonita que había visto en su vida, antes habia viajado, conocido muchas mujeres de todo tipo, pero algo tenía en especial ella, tal vez la mirada fuerte, la sonrisa traviesa o lo corta que era su falda, que más daba, en ese momento se propuso a conquistarla de algún modo. Caminó hacia ella en busca de algún plan para abordarla pero tropezó llamando la atención de todos, escuchó la risa de una mujer, sabía que era de ella, comenzó a ponerse nervioso, sentía un hueco en el estomago, pero debía ser valiente, en unos segundos estaba frente a ella, pero su plan ya había fracasado, solo se le ocurrió presentarse lo más galante posible intentando recuperar un poco de su dignidad, por alguna razón a ella pareció divertirle, él solo se sintió cada vez más incomodo hasta que por fin se le ocurrió pedirle una cita, no sabía ni que harían pero ella accedió a que pasara por ella el sábado por la noche. 

Segúnda batalla 
La primera cita es un momento decisivo en toda relación, es la primera vez que hablaras con es alguien especial quedando expuesto, darás esas primeras impresiónes que muy difícilmente se borran de la mente de alguien, si todo sale bien probablemente habrán más y comenzara una relación, si todo sale mal, probablemente unnca más se vuelvan a ver. 
Paso toda la tarde pensando en el mejor lugar para ir, decidió que ir al cine no le diría nada sobre ella, y un café era algo muy sencillo, necesitaba impresiónar, al final se decidió por llevarla a ese restaurante elegante que tanto le gustaba ir a su madre en los cumpleaños y las ocasiónes importantes. Pidió a uno de sus mejores amigos ser chofer por esa noche a cambio de varios favores, compró un ramo de flores y se vistió con su traje favorito. 
Al llegar a casa de Andrea, ella solo traía un pantalón que dejaba ver bien sus curvas y una pequeña blusa que mostraba más de lo adecuado para el sitio que él tenia en mente, su culpa, claro, no le habia dado ni pistas de a donde irían, no sabía que hacer, si le decía que se cambiara temía sonar grosero, y si lo hacia probablemente no llegarían a la reservación. Ella de unevo parecía divertida por algo e interrumpió sus pensamientos –¿tienes pensado un lugar? – baciló por unos instantes hasta que decidió que era mejor decir que no, ella respondió que tenia un antojo de algo picante y que conocía un buen lugar, se dirigió hacia el coche y ni siquiera se percató de las flores. 
De regreso a dejarla en casa, se sentía frustrado, nada había resultado como él quería, y a pesar de su buena pinta y su caballerosidad, cualidades que la mayoría de las mujeres parecían apreciar en él, no había logrado impresiónarla. Su amigo pusó la radio para hacer menos incómodo el silencio y al fin llegaron, bajo, le abrió la puerta, y la acompaño hasta el umbral de la casa, entonces ella parecía divertida de nuevo, lo miraba con esa sonrisa traviesa de siempre, pensó que se estaba burlando de él, hasta que ella tomó el primer paso y le dio una sorpresa que no esperaba,y justo cuando él entendió que estaba pasando y le correspondió, ella se separó y se metió a su casa. 

Tercera batalla
¿Alguna vez se han quedado sin poder conciliar el sueño al repasar cada instante de aquel momento especial? Pensar en la textura de su piel, en el olor de su cabello, en la energía que corre por tus venas en ese instante… Pero también en lo que pudo haber pasado, en los errores que cometiste, en el qué pensará, si acaso se repetirá.
No hablaron por varios días, él esperó ansioso. ¿Por qué si lo había besado no respondía sus mensajes? ¿Acaso quería que llamara?  Pasaron los días y cruzaron caminos por las calles, él le sonreía pero ella parecía no verlo -o eso trataba de creer-. 
Esta batalla fue consigo mismo, con las ideas que merodeaban en su mente. El joven príncipe no entendía por qué las cosas eran así. Aquella noche recordó que su madre solía contarle las historias de cómo ella se enamoró; no era una mujer fácil, pasaron varios meses hasta que le otorgó una cita a su padre y otros más para aceptar ser su novia. ¿Acaso faltaría más tiempo para recibir respuesta de Andrea? ¿Por qué no le contestaba las cosas? No podía esperar más así que decidió enfrentar a la bestia cara a cara. 

La última estocada
Con sus mejores prendas y una caja de chocolates emprendió su viaje a la casa de su bella doncella. Practicó todo el camino lo que le quería decir; pensó en alagar su cabello, tal vez su sonrisa o probablemente su mirada. Ella lo volvía loco. 
Caminó por la avenida donde ella vivía sin preocuparse por la viejita que cruzaba la calle, o aquel gato atrapado en la copa del árbol. Su misión era encontrar a la mujer de sus sueños y resolver el misterio de su ausencia.
Su corazón retumbaba dentro de él. ¿Sería mejor volver otro día? ¡No! Tenía que hacerlo hoy o nunca. Apresuró el paso y se dirigió a la fachada que conocía bien. Con firmeza se decidió a tocar el timbre y sin dudar esperó en la puerta. 
Esos segundos eternos se quedarían por siempre en su memoria. 
Escuchó que alguien se aproximaba a la puerta, sostuvo los chocolates detrás de su espalda, no quería presionarla. Preparó su mejor sonrisa y saludó a la chica que se le abrió. 
-¿Sí? - preguntó aquella mujer pelirroja.
- ¿Está Andrea? - dijo algo confundido. 
-¡Andy! ¡Te busca un tipo en la puerta!- gritó hacia la casa. 
Esta chica lo analizó minuciosamente; observó cada pelusa de su camisa, cada doblez de su pantalón, hasta los pequeños raspones de sus zapatos. El silencio entre los dos aumentaba la tensión hasta que Andrea finalmente rompió el muro que había entre ellos.
-¡Hey! ¿Qué haces aquí? 
-Pues… Venía a verte -titubeó.
-Te veo dentro, am…- murmuró Andrea a la chica. 
Ella obedeció y quedaron la bella doncella y el príncipe en el umbral donde cosas mágicas pasaron entre los dos.
-¿Es tu amiga? -preguntó él. 
Andrea volteó los ojos y sonrió de aquella manera traviesa que sólo ella podía hacer. 
-¿Es tu prima? - insistió. -Es linda. 
-Sabes que nada entre nosotros va a pasar, ¿no? 
No comprendía lo que decía, tantas cosas pasaron por su mente en ese momento, menos lo evidente.

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